CRUZ ALZADA PROCESIONAL

Pedro de Ribadeo

Hacia 1500-1525

Plata, oro, madera y gemas

Medidas: 118 x 61 cm

Museo de Arte Sacro

La historiografía ha venido dando por buena la vinculación de esta obra con don Juan Téllez-Girón, IV conde de Ureña, cuya titularidad en el ducado se dilató entre 1531 y 1558. Tiene grabada en el nudo la siguiente inscripción: “Don Juan Téllez Girón, IV Conde de Ureña, fundó la Iglesia Colegial de Osuna, y enriqueció su patronato con esta cruz y otras alhajas MDXXXIV”. Sin embargo, su ejecución fue anterior, según los datos que se conocen sobre su autor, Pedro de Ribadeo, su taller en la céntrica calle Platería de Valladolid desde 1497, y algunas de sus obras, que son referencia de la de Osuna. Los cuatro jirones ondulantes del escudo, sello de la comunidad de plateros, y las constantes marcas de P/RIBA/DEO en las planchas y estructuras de plata que componen la cruz, corroboran la procedencia castellana y a su autor original. Por lo tanto, aunque la pieza ha estado comúnmente vinculada a la consagración de la Colegiata de Nuestra Señora de la Asunción de Osuna en 1534, es posible que fuera de una pieza adquirida por el IV Conde de Ureña en torno a esa fecha, aunque ejecutada por su artífice décadas antes en Valladolid. Una circunstancia que aclararía su aspecto iconográfico y, formal, demasiado arcaizantes para la producción de piezas de platería de finales del primer tercio del XVI.

La cruz constituye una obra extraordinaria en la que confluyen la microarquitectura gótica con un abigarrado mundo de esculturillas de bulto redondo y relieves que pueblan todo el conjunto. Refleja la tradición europea edilicia de los siglos XV y XVI y los mensajes iconográficos que se van a imponer en el siglo XVI, en una conjugación perfecta entre utilidad y porte majestuoso, con sus escenas del Cristianismo y la arquitectura de escala que la enmarca puestos al servicio de la instrucción religiosa. La Cruz de la Colegiata de Osuna presenta una simbología iconográfica en la que ascensión hacia Dios como ofrenda al Todopoderoso reme­mora el lenguaje de elevación de la arquitectura gótica, ahora articulado mediante la iconografía en torno al sacrificio de la Crucifixión y la Resurrección de Cristo. Se trata de todo un compendio iconográfico que la convierte en un auténtico retablo en plata itinerante.

Fuente: ROMERO TORRES, José Luis y MORENO DE SOTO, Pedro Jaime: A imagen y semejanza. La escultura de pequeño formato en el patrimonio artístico de Osuna, Osuna, 2014, p. 78.